Cada semana, sin que lo notemos, ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito en microplásticos: unos 5 gramos de partículas diminutas que se han infiltrado en el agua, el aire, el suelo y los alimentos.
Este dato proviene de un estudio exhaustivo de la Universidad de Newcastle para WWF, que reunió más de 50 investigaciones previas para revelar una verdad alarmante: la contaminación plástica no está lejos de nosotros, está dentro de nosotros.
Cada año, ocho millones de toneladas de plástico terminan en los océanos, lo que equivale a un camión de basura por minuto. Si no cambiamos esta tendencia, para 2030 podrían entrar 104 millones de toneladas métricas más en los ecosistemas terrestres y marinos, amenazando la estabilidad de todos los organismos que habitan el planeta.
En paralelo, la producción de plástico se ha triplicado desde el año 2000. Un tercio de todo ese plástico acabará contaminando la naturaleza, mientras las emisiones de CO₂ derivadas de su ciclo de vida aumentan un 50% total y se disparan por la incineración.
Las tarjetas de crédito, débito y SIM forman parte de nuestra vida cotidiana, pero esconden una huella ambiental brutal. El mercado global de tarjetas plásticas alcanzó USD 20.86 mil millones en 2024 y se proyecta en USD 39.18 mil millones para 2032. Cada año se emiten más de 6 mil millones de tarjetas de pago y 4.5 mil millones de tarjetas SIM, casi siempre fabricadas con PVC virgen o reciclado, un material altamente contaminante.
Miles de millones de tarjetas vencidas no se reciclan y tardan cientos de años en descomponerse, generando microplásticos que se esparcen en los vertederos y terminan regresando a nuestra cadena alimenticia.
Las partículas plásticas de alrededor de 0.13 mm de tamaño pueden atrapar contaminantes como PCB y hidrocarburos aromáticos, amplificando su toxicidad dentro de nuestro organismo. Además, la inhalación en zonas urbanas añade entre 74.000 y 121.000 partículas al año, y el consumo de agua embotellada suma otras 90.000.
Este cóctel de contaminantes amenaza nuestra salud y la vida silvestre. Se han registrado más de 270 especies entangladas en plásticos y 240 que los ingieren, alterando cadenas tróficas y provocando muertes evitables.
No todo está perdido. Compañías como Thales han anunciado objetivos para reducir el plástico en un 80% para 2030 y producir la mitad de sus tarjetas con materiales biodegradables o reciclados. También planean migrar a servicios virtuales de emisión cero y habilitar puntos de recolección y reciclaje al 100% para 2025.
Las instituciones financieras, cada vez más conscientes, están adoptando tarjetas sostenibles para alinear sus operaciones con los objetivos climáticos globales. Sin embargo, ningún esfuerzo individual basta sin un marco regulatorio sólido y un compromiso global.
Los datos nos muestran que la contaminación plástica ya no es una amenaza lejana, es parte de nuestro cuerpo y de nuestro entorno. La equivalencia de una tarjeta de crédito en microplásticos ingerida semanalmente es un llamado urgente a tomar responsabilidad colectiva.
Cada uno de nosotros puede impulsar el cambio: elige alternativas sostenibles, exige transparencia a tus proveedores financieros y apoya iniciativas que promuevan la economía circular. Solo con acciones concretas y urgentes podremos revertir esta crisis que nos toca a todos, humanos y naturaleza por igual.
Referencias