En un entorno marcado por la recuperación y la incertidumbre, entender qué sectores y regiones de España emergen con más fuerza se convierte en una guía esencial para inversores, empresas y profesionales.
Según diversas fuentes, el crecimiento del PIB español se situará entre el 1,9% y el 2,4% en 2026, ligeramente inferior al de 2025, pero con costes energéticos más bajos que refuerzan la competitividad industrial frente a Europa. A nivel global, el FMI pronostica un avance del 3,1% para 2026 y la CEPAL proyecta un 2,3% para América Latina, mientras que la inflación en economías avanzadas podría oscilar entre el 3% y el 4%.
En este escenario, las tensiones comerciales se mantienen contenidas, y la implantación de la inteligencia artificial actúa como agente clave de cambio, atrayendo inversiones masivas pero replanteando la creación de empleo.
Algunos sectores destacan por crecer por encima de la media nacional (2,0%–2,4%). La consultora CaixaBank los agrupa en la categoría de sector con crecimiento elevado, reflejando tendencias estructurales y demandas sostenidas:
Estos sectores se benefician de competitividad por inputs energéticos y de una demanda interna y externa sostenida.
El sector manufacturero avanzó un 3,5% en 2024, apoyado por el bajo coste energético que mitiga la presión de precios. El turismo y la hostelería se ralentizaron al 6% tras niveles del 7,6% en 2023, estabilizándose después de la fuerte recuperación pospandemia. No obstante, segmentos como el textil, el calzado y los muebles experimentan retrocesos continuos debido a la competencia global y a márgenes estrechos, alertando sobre la necesidad de estrategias de adaptación.
La dinámica varía significativamente según la comunidad autónoma, reflejo de sus estructuras productivas y peso sectorial:
En conjunto, las regiones con mayor peso en servicios profesionales, turismo y exportaciones manufactureras superan la media, mientras que aquellas dependientes de actividades primarias o con menor transformación industrial quedan rezagadas.
La inversión global se centra en la tecnología y la inteligencia artificial, marcadas por un desembolso récord en innovación y automatización, aunque con implicaciones para el empleo. El sector de las energías renovables se consolida como motor, potenciando proyectos de hidrógeno verde y baterías. Además, el sector de robótica y automatización industrial avanza en logística y agricultura, y la transición energética se articula como tren de inversión en energías limpias. La comunicación y el consumo discrecional mantienen una demanda robusta, mientras que la ciberseguridad gana peso frente a riesgos digitales.
La radiografía comparativa revela ganadores claros, pero también desafíos que exigen estrategias adaptativas. Entre las conclusiones clave:
Solo a través de un enfoque integral que combine análisis de datos, flexibilidad operativa y visión de futuro, empresas y profesionales podrán posicionarse con ventaja en un mercado en constante transformación.
Referencias